La felicidad del anciano

La felicidad del anciano

Dos personas mayores dándose cariño

En un pequeño pueblo de la costa española vivía un anciano llamado Juan, de 75 años y había perdido a su esposa hacía unos años. Desde entonces, vivía solo y se sentía muy triste.

Juan pasaba los días en su casa, mirando por la ventana. Veía a los niños jugar en la calle, a las parejas pasear de la mano y a los amigos reunirse para tomar algo. Él también había tenido una vida así, pero ahora todo eso era un recuerdo lejano. Juan se sentía cada vez más aislado y desconectado del mundo. Se preguntaba si su vida tenía algún sentido.

Un día, cuando estaba viendo la televisión, vio un reportaje sobre la Fundación Harena. La fundación ayudaba a las personas mayores que se sentían solas y aisladas. Se sintió identificado con las historias de las personas que habían participado en los programas de la fundación. Decidió ponerse en contacto con ellos para ver si podía obtener ayuda.

La fundación Harena se puso en contacto con Juan y le ofrecieron participar en un programa de actividades para personas mayores. Aceptó con entusiasmo. El programa incluía actividades como talleres de manualidades, clases de baile y excursiones. Se lo pasó muy bien participando en estas actividades. Poco a poco, Juan empezó a sentirse mejor. Empezó a salir más de su casa y a conocer gente nueva.

En el taller de manualidades, conoció a una mujer llamada María. María era una mujer viuda de su misma edad. Los dos se hicieron amigos rápidamente. Empezaron a pasar tiempo juntos. Iban a pasear, al cine y a tomar café. Juan se sentía feliz de nuevo.

 

Gracias a la Fundación Harena, Juan había superado la soledad y la tristeza. Había encontrado la felicidad y la compañía que tanto necesitaba

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