Un día soleado

Un día soleado en pleno centro de Málaga

En pleno centro animado de Málaga, en una tarde soleada de primavera, María y su amiga Raquel disfrutaban de un café en un acogedor café. Las risas y las charlas llenaban el lugar, pero en medio de toda esa animación, María se detuvo en un instante en particular. Vio a una anciana sentada sola en un banco del parque, con la mirada perdida en la distancia.

Este pequeño episodio, que para muchos podría pasar desapercibido, generó en María una profunda preocupación. La hizo recordar los últimos días de su padre, quien también había enfrentado la soledad. En ese momento, María estaba abrumada por las exigencias de su trabajo y no pudo estar a su lado cuando más lo necesitaba. La imagen de su padre solitario y desamparado la atormentaba, y ella estaba decidida a asegurarse de que nadie más tuviera que experimentar esa soledad.

Cuando María regresó a casa, estaba abrumada por la melancolía y resuelta a tomar acción. Con lágrimas en los ojos, decidió buscar en línea «oportunidades de voluntariado para acompañar a personas mayores». Fue entonces que descubrió la Fundación Harena, una organización de voluntariado en Málaga dedicada a brindar compañía a personas mayores que se encontraban solas. La misión de la fundación tocó profundamente el corazón de María, y sintió que era la manera perfecta de honrar la memoria de su padre y ayudar a aliviar la soledad de otros.

Sin dudarlo, ella se registró como voluntaria en la Fundación Harena. Empezó inmediatamente a visitar a Matilde, una encantadora anciana que había estado experimentando la soledad. Al principio, Pepi estaba un poco reacia a abrirse, pero con el tiempo, María ganó su confianza y juntas construyeron un vínculo especial. Compartieron risas, historias y momentos de tranquilidad. La tristeza que antes había dominado el corazón de Pepi comenzó a desvanecerse, reemplazada por la alegría de tener a María a su lado.

Con el paso del tiempo, ellas  se convirtieron en amigas inseparables. Los días que antes se arrastraban en soledad se llenaron de conversaciones animadas, paseos por el parque y momentos felices. Pepi ya no se sentía sola, y su rostro resplandecía de felicidad.

 

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