Tiempos de silencio
La historia del señor Ernesto
Conozcamos la historia del señor Ernesto, un hombre con 78 años
que vivía en una casa acogedora en el centro de la ciudad de Málaga. Entre esas
cuatro paredes vivió momentos muy felices junto a su mujer y sus dos hijos,
pero tras el fallecimiento de ésta, dos años atrás y el distanciamiento de sus
hijos debido a sus ocupaciones, se encontraba triste y solo. Esa casa, que un
día se llenó de risas, cariño y que le oporto tantos momentos felices a lo
largo de su vida poco a poco hicieron que los días se convirtieran largos y
silenciosos, teniendo en aquel momento como única compañía el sonido de la
televisión.
Una promesa de esperanza
Un día tras llegar de hacer la compra, como hacia habitualmente
decidió revisar el correo. En ese momento un folleto llamó su atención. Era de
la Fundación Harena, en él informaba sobre uno de sus principales proyectos, la
lucha contra la soledad no deseada en personas mayores. Comentaban la
oportunidad de recibir visitas de un voluntario dos horas a la semana. En ese
momento encontró una promesa de esperanza.
El señor Ernesto, animado, decidió darle una oportunidad y se
inscribió en el programa de la Fundación Harena.
Rubén tocó a su puerta
Poco después,
un joven voluntario llamado Rubén toco a su puerta. Con una sonrisa amigable,
él se presentó como su compañía semanal.
Durante las dos horas que compartían juntos mantenían
conversaciones donde Don Ernesto le contaba historias de su juventud, se
entretenían con juegos de mesa, daban paseos por el parque y lo más importante,
disfrutaban de la compañía que se daban mutuamente. Ocasionalmente, Rubén
también acompañaba a don Ernesto a excursiones y actividades que realizaba la
fundación junto con otras personas mayores y sus respectivos voluntarios,
permitiéndole conocer a más gente y disfrutar de más compañía. Esas dos horas a
la semana y las actividades que realizaban juntos no solo llenó su vida de
momentos alegres, sino que también lo ayudo a encontrar una razón para sonreír
de nuevo.
Nuevos recuerdos
Poco a poco la soledad que lo había atormentado durante tanto
tiempo tras quedarse solo se fue desvaneciendo gradualmente, creando nuevos
recuerdos que le aportaban felicidad en su día a día.
Una razón para sonreír
Esto no sería
posible sin la Fundación Harena y su proyecto para luchar contra la soledad no
deseada. Gracias a ella personas como Ernesto vuelven a tener una nueva razón
para sonreír.
